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🔥 Incendio de Arinsal: reflexiones desde la arquitectura

  • Pau Iglesias Rodríguez, Arquitecte
  • hace 16 horas
  • 3 Min. de lectura

🔥 Incendio de Arinsal: reflexiones desde la arquitectura

El incendio ocurrido recientemente en Arinsal nos deja una imagen impactante, pero también una oportunidad para analizar, con criterio técnico, cómo se comportan los edificios ante un fuego real.

Desde la experiencia directa vivida sobre el terreno, hay un aspecto especialmente relevante: la propagación del incendio no se produjo principalmente por fachadas o interiores, sino a través de las cubiertas de los edificios.


La cubierta como vía de propagación

Los edificios afectados disponían de una solución habitual en rehabilitación energética: una nueva capa de aislamiento sobre la cubierta existente de tablazón de madera, con una cámara de aire ventilada entre ambas.

Esta configuración es constructivamente correcta. La cámara ventilada permite evitar condensaciones y alargar la vida útil de la madera. Sin embargo, en caso de incendio, esta misma cámara puede convertirse en un conducto continuo para el fuego.

El aire en movimiento alimenta la combustión, y el espacio vacío facilita una propagación rápida y, a menudo, oculta bajo el acabado de cubierta. En estas condiciones, el fuego puede avanzar sin interrupciones de un edificio a otro.


El papel de los materiales

No todos los materiales responden igual ante el fuego, y este hecho es determinante.

Los aislamientos térmicos más habituales presentan comportamientos muy diferentes:

  • Los materiales como el poliestireno extruido (XPS) son combustibles y pueden contribuir a la propagación del fuego.

  • Otros como el poliisocianurato (PIR) presentan un mejor comportamiento, pero siguen siendo materiales orgánicos.

  • En cambio, la lana de roca es incombustible y puede actuar como barrera efectiva.

Esta diferencia, a menudo secundaria en fase de proyecto, se vuelve crítica en situaciones reales.


Condiciones extremas: el factor viento

A todo ello se sumó un elemento determinante: el viento.

El fuerte viento registrado aquel día aportó oxígeno constante al fuego, incrementó su intensidad y favoreció la propagación de brasas. Estas condiciones dificultaron enormemente las labores de extinción y aceleraron la transmisión del incendio entre cubiertas.


La dificultad de extinguir un fuego oculto

Cuando el fuego se propaga por el interior de una cubierta ventilada, su localización y extinción se vuelven especialmente complejas.

Los equipos de emergencia deben actuar, a menudo, sin acceso directo al foco real, lo que obliga a abrir cubiertas y a intervenir de forma destructiva para poder controlar el incendio. Este hecho pone de manifiesto la importancia de que el diseño constructivo también tenga en cuenta la facilidad de intervención.


Reflexiones desde el proyecto

Más allá del caso concreto, este incendio nos invita a reflexionar sobre algunos aspectos clave de la arquitectura contemporánea.

1. La importancia de los materiales

La elección de los materiales no puede responder únicamente a criterios económicos o de eficiencia energética. Su reacción al fuego es un factor esencial.

En cubiertas y zonas críticas, el uso de materiales incombustibles debería ser una prioridad.

2. La necesidad de sectorizar las cubiertas

En cubiertas de gran superficie o en conjuntos edificados continuos, es fundamental evitar la continuidad total de las cámaras ventiladas.

La incorporación de barreras cortafuego puede impedir que un incendio se desplace libremente en sentido horizontal, limitando su alcance.

3. Evacuación: el criterio fundamental

Ningún edificio está exento de sufrir un incendio. Por ello, el principio básico de diseño es garantizar que todas las personas puedan evacuar en un tiempo razonable antes de que el edificio se vuelva inseguro.

El objetivo principal es preservar la vida de las personas.

4. Pensar la seguridad desde el proyecto

La seguridad contra incendios no puede ser un añadido posterior. Debe formar parte de la concepción inicial del proyecto.

Esto implica integrar tanto medidas de seguridad pasiva —materiales, sectorización, resistencia al fuego— como de seguridad activa —detección, alarma y extinción—..


Una reflexión final

El incendio de Arinsal pone de manifiesto que muchas soluciones constructivas actuales, correctas desde el punto de vista energético, pueden presentar vulnerabilidades en situaciones extremas.

Como arquitectos, tenemos la responsabilidad de encontrar el equilibrio entre eficiencia, sostenibilidad y seguridad.

Porque, en última instancia, los edificios no solo deben ser confortables y eficientes, sino también capaces de responder con garantías ante lo imprevisto.

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